Un apartamento danés que irradia estilo

Cuando has estudiado interiorismo todo el mundo presupone que tendrás una casa de revista. Esta premisa no tiene por qué cumplirse en todos los casos, puesto que no siempre se dan las condiciones oportunas, pero sí que es cierto que cuando la decoración te corre por las venas siempre buscarás hacer de tu casa un hogar. Un jarrón con flores frescas, una combinación de velas o unos cojines del tono adecuado pueden hacer que te apetezca más disfrutar de una estancia y te sientas más a gusto. 

Esto lo sabe muy bien Natalia Sánchez Echevarria, interiorista, diseñadora y estilista capaz de crear ambientes que funden la identidad de sus clientes con toda una atmósfera de emociones. Su método de trabajo como diseñadora de interiores está basado en la mezcla de texturas, la utilización de materiales naturales y el mimo por los detalles. En su mochila de inspiración tiene un gran peso su experiencia como ciudadana que ha vivido en grandes ciudades como son Barcelona, Nueva York o París. Todos estos referentes dejan un poso en el que probablemente sea uno de los proyectos más especiales a los que se enfrenta un/a interiorista: el diseño de su propio hogar. 

 

 

¿Quién no ha soñado alguna vez con desayunar en una galería de media luna así? Sin duda, la gran protagonista de esta casa es esta maravillosa cristalera que permite a sus inquilinos disfrutar de una luz espléndida, aún estando localizada la vivienda en el norte de Europa. 

 

 

El apartamento conserva un marcado toque nórdico, pero Natalia Sánchez ha conseguido que tenga identidad gracias a la incorporación de muebles con historia como el aparador o la camarera de madera que utiliza en dos puntos focales estratégicos del salón. En un momento en el que la red está plagada de decoraciones tan similares, se agradecen propuestas como ésta que evidencian que la decoración está para arriesgar y romper estéticas uniformes. A mí el rincón del sofá con el toque botánico que aportan la planta y la combinación de cuadros me priva. 

 

 

Rosa para la entrada, blanco para las carpinterías y toques de azul eléctrico que siempre es un acierto porque le confiere elegancia a los motivos y estancias en los que se incorpora. De esta forma, la diseñadora apuesta por una gama cromática protagonizada por tonos suaves y calmantes, pero sin renunciar en ningún momento al color. 

 

 

La habitación, la estancia más privada, revela de nuevo el gusto de Natalia Sánchez por el estilismo. La combinación del tono menta (con un subtono que tira más al frío), una pieza de segunda mano con carácter para funcionar como mesita de noche, la desnudez del cabecero que únicamente se preside por un cuadro con motivo chinesco y la presencia de plantas que revelan su querencia por la naturaleza.

¿Quién no viviría en un hogar tan luminoso? 

 
Fotografías: Line Klein Studio | Interiorismo: Spatial Code

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