El olivo, protagonista especial de esta boda en Portugal

Por motivos sentimentales, el olivo es un árbol que define parte de mi historia. Mis raíces están ancladas en tierras andaluzas donde todo gira en torno a su fruto, el aceite. He crecido sintiendo la nostalgia por estos paisajes de unos padres emigrantes y eso provoca una querencia que estoy segura me acompañará siempre. 

Últimamente los proyectos decorativos que más me atraen son aquellos que buscan la esencia reduciéndola a uno, o a lo sumo, dos elementos decorativos. Concretamente, me encantan las viviendas en las que las fibras naturales como el ratán o el yute, se mezclan con toques botánicos logrando un perfecto equilibrio. El resultado suelen ser estancias acogedoras, cálidas, relajadas… en definitiva, reales. 

¿Cómo sería trasladar este estilo mediterráneo, con el olivo como protagonista, a la decoración de una boda? La ceremonia de renovación de votos de Ilka y Mateus, celebrada en un olivar de Portugal, tiene como leitmotiv la el que, sin duda, es el árbol que más define la península ibérica. De forma muy sutil y atendiendo a los pequeños detalles, han sabido lograr crear una atmósfera que está en perfecta sintonía con el lugar. 

 

 

Un altar creado a partir de un marco de madera, una cortina de macramé y una corona de olivo. Corona que complementa el vestido de la novia y su hija, dándole un toque que recuerda a la mitología griega. Unos sencillos bancos para que los invitados escojan su sitio, un arreglo floral colgado de las ramas de los olivos o una guirnalda apoyada en el cartel que anuncia el menú del enlace. ¿Acaso no cumple con la regla de que menos es más?

 

 

Una mención especial merece el ramo de la novia: olivo, lavanda, siemprevivas y eucalipto. Parece que apostar por bouquets más informales y con cierto aire salvaje se está convirtiendo en tendencia. En este caso, parte de esta combinación se ha utilizado también para decorar la mesa y la tarta. ¿Qué os parece?

No me he parado a pensar cómo sería mi boda ideal, si algún día decido casarme, pero si me preguntan hoy diría que se parecería mucho a la de Ilka y Mateus. No sólo porque el protagonismo del olivo conecta directamente con mis orígenes, sino porque me da la sensación de que ha sido una celebración en la que las emociones no se han visto eclipsadas por el envoltorio. 

 

Fuente: 100layercake | Fotografías: Adriana Morais

 

El cordón umbilical que nos une

Han pasado 6 meses desde mi último post y, dependiendo del día, a veces me parece que han sido un suspiro y otras una eternidad. Leo vino a este mundo la madrugada del 9 de abril, un día de espléndido sol de esos que el norte regala en primavera. Tras un parto complicado que acabó en cesárea de urgencia y un posparto bastante animado (ya dedicaré un espacio a este tema que aún sigue resultando tabú), hoy puedo decir que en estos 4 meses hemos aprendido a conocernos y querernos. Porque a un hijo se le quiere antes de nacer, pero cuando creías que el corazón no podría albergar más amor, te sorprende ensanchándose cada día. 

 

 

Aprovechando que hace unos días se celebró la Semana Mundial de la Lactancia Materna, he querido retomar este espacio virtual para dejar testimonio escrito de la que está siendo una de las experiencias más mágicas que me ha descubierto la maternidad. De la lactancia se ha escrito y se escribe mucho, cierto es que yo no quise leer nada para guiarme por mi instinto animal. Cuando me ofrecían algún libro temático pensaba en mis ancestros, en todas las mujeres de mi familia que, desde mis tatarabuelas hasta mi hermana, habían amamantado a sus crías con una fortaleza férrea. 

Y el día de poner a prueba la intuición llegó y no fue como esperaba. Tumbada en una camilla del quirófano, con las manos atadas, apenas pude ver a Leo unos segundos antes de que se lo llevaran a su padre. Casi tres horas más tardé llegó nuestro momento y era tanto el dolor físico y emocional que sentía que no le presté apenas atención a aquel instante que marcaría cómo sería esta aventura que recién iniciábamos. Tal y como había visto tantas veces en las crías de mis perros, gatos u ovejas, él se agarró a mi pecho con una determinación que es difícil de describir. En duermevela pasó el resto de las horas a mi lado, más dormido que despierto, guareciéndose de todos los estímulos que el mundo exterior traía consigo. Pasado el efecto de la morfina, las siguientes horas resultaron más duras porque apenas podía moverme y eso dejaba poco margen a poner en marcha la higiene postural que las enfermeras tanto recalcaban. 

El primer día Leo no cogió el peso que debía y se activó el protocolo de la “ayuda”. En ese momento de desconocimiento en el que estás cargada de inseguridad no te planteas cuestionar una decisión que parte de profesionales. La leche no subía a la velocidad esperada (normal cuando partes de una cesárea) y había que cumplir el ratio de pérdida de peso, así que comenzamos con un suplemento de leche artificial que en una semana fuimos capaces de quitar. Y digo fuimos porque si algo he aprendido es que no es sólo una relación de dos, sino de tres y/o muchos. En mi caso, contar con el apoyo de mi pareja ha sido fundamental para que dentro de unos días cumplamos 4 meses de feliz lactancia. Durante todo este tiempo no he sentido dolor físico, pero he tenido que sobreponerme a una preeclampsia y a un par de disgustos que me dejaron rota e, inevitablemente, supusieron una bajada drástica de la producción. Pero aún con todo, supimos saltar todos los obstáculos y regar este bonito viaje que cada día nos descubre cosas nuevas. Una de las heridas que me quedó de la cesárea fue no haber podido cortar el cordón umbilical que durante 9 meses me unió a mi hijo, pero la lactancia está siendo una prolongación de ese vínculo que espero sea para toda la vida.

////////////////////

 

Yo no doy de mamar para oponerme a las hermanas que dan biberón, ni para ganarle ninguna batalla a la leche de fórmula, ni porque sea una moda o no esté de moda y me guste ir a la contra.

Yo doy de mamar porque la naturaleza está ahí, porque no necesito controlar nada, porque me permite reencontrarme con generaciones de mujeres dentro y fuera de mi familia, porque estoy re-naciendo y es tan hermoso.

Yo doy de mamar porque es algo vital, mágico, irrepetible, porque no ha sido un camino fácil pero ha valido la pena, porque hemos aprendido mucho juntas: yo de ti y tú de mí.

 

¿Por qué doy de mamar? | en minúsculas

creando mi propia constelación

“Lo bonito es ir soñándolo antes de que llegue”. No recuerdo de quién es la cita, ni por qué la anoté en el móvil hace más de un año. Lo cierto es que no se me ocurre una secuencia de palabras más adecuada para expresar lo que han significado para mí estos últimos meses.

 
Mi útero se ha convertido en una pecera en la que la salinidad del Mar Cantábrico marida a la perfección con la calidez del Atlántico y el toque picante del mojo canario se compensa con el dulzor del sobao pasiego. Para que el plánctom sea delicioso y merecedor de más de una Estrella Michelín, hay que sumarle la esencia de los buenos guisos: un cocinado a fuego lento regado con mucho amor. 
 
 
Pese a los malestares, las inseguridades propias y ajenas y el sinfín de mensajes contradictorios que una recibe en este estado, he sentido una paz interior difícil de explicar. Como si mi cuerpo quisiera convencerme de que, pase lo que pase, estoy lista para todo lo que está por venir. Así que compraré flores, sacaré mi vajilla favorita y prepararé la mesa para el festín de besos y arrumacos que te espera, pequeño Leo ♡
English EN Français FR